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“Nuestro ritmo de vida actual está generando índices de natalidad preocupantes”

Jueves, 24 Mayo, 2018 - 09:58

El periodista Luis Miguel Coloma firma este reportaje que tiene como protagonista a Ignacio Romero, ginecólogo y director de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Puerta del Sur, de Jerez.

 

Ahí delante, semicubiertas bajo una sábana, dentro de los guantes de látex, están las manos expertas de un profesional cualificado y experimentado. Unas manos que comparten piel, en las horas libres, con un hombre de trato agradable y cercano. Enamorado de su vocación y orgulloso de su labor, que ahora es la reproducción asistida, de la que habla con auténtica pasión. Explica con responsabilidad sus aristas y con humildad las limitaciones, que suelen ser biológicas, pero también tecnológicas, éticas y, claro, económicas.

En el entorno agradable y relajado que cada mes nos propicia el Restaurante Zaccaría, el invitado de este mes fue ayer, miércoles 23 de mayo, el doctor Ignacio Romero Meynet, ginecólogo y director de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Puerta del Sur, de Jerez.

Experimentado en ambas vertientes de la ginecología, ha trabajado en la sanidad pública y ahora se encuentra en la privada. Una relación salud-dinero, que está protegida del puro mercantilismo “por la ética de los profesionales y por el férreo control institucional a través de múltiples auditorías, a razón de cuatro anuales. Pero en la reproducción asistida el dinero no está sólo en el precio de los tratamientos y las ganancias de las clínicas y de los médicos, que también tenemos que vivir. Las técnicas, los aparatos e instrumental en general, son muy costosos. La precisión ha de ser máxima y las garantías, la mayor posible en cada caso. Lo mismo que la responsabilidad, porque el resultado ha de ser un bebé y la ilusión de los padres es inmensa”.

Un aspecto que preocupa profundamente al doctor Romero “es el bajísimo índice de natalidad actual en nuestro país y en el entorno más cercano. Al margen de rachas puntuales, no suele exceder de un nacimiento al día”. Una realidad que achaca “al elevado nivel de estrés que soportamos desde hace una década, el consumo de tabaco, alcohol, en algunos casos, drogas; y los numerosos químicos que ingerimos en los alimentos. Esto afecta igualmente a la calidad de los óvulos como a los espermatozoides”.

 

“Las técnicas, los aparatos e instrumental en general, son muy costosos. La precisión ha de ser máxima y las garantías, porque el resultado ha de ser un bebé y la ilusión de los padres es inmensa”

“Pero también hay una realidad social –prosiguió el doctor- y es que las mujeres retrasan mucho el momento de ser madres. Por realización personal, por inestabilidad laboral y por dificultades económicas, se posponen los embarazos a los 35 años o más. Esto implica dificultades biológicas y riesgos para la madre y el bebé. A partir de los 30, la probabilidad de un embarazo natural disminuye. A partir de los 40 puede ser peligroso y desde los 50 es, además, descabellado”. 

“La obtención, conservación de óvulos y la congelación, son procesos tremendamente costosos. Este último, por ejemplo, se contempla como posibilidad para una mujer de 25 años que quiera aplazar diez años su embarazo, pero ha de afrontar el coste y hoy difícilmente se dan las circunstancias. No obstante, ofrecemos financiación para los tratamientos”.

Otras aristas de las que se habló en este interesante encuentro fueron de ámbito ético y social. Por ejemplo, la maternidad subrogada, el anonimato y las renuncias que conllevan asociadas la donación, los márgenes legales y los límites éticos de la manipulación genética. En este último aspecto, Romero aseguró que “además de los puramente deontológicos, hay una gran limitación tecnológica y férreos márgenes legales, aunque España es, en este sentido, uno de los países más avanzados de Europa. Podemos, por ejemplo, es relativamente fácil determinar el sexo del bebé, pero hacerlo es ilegal. Sólo se permite en los casos en que ser niño o niña pueda eximirle de alguna enfermedad genética, tal que la hemofilia”.  “Y, por supuesto, -puntualizó- no se puede hacer un bebé de diseño: pelo rubio, ojos azules, 1,85 metros de estatura…”

“En casos de optar por óvulos o esperma procedente de donación, una realidad cada vez más común, se suele buscar una similitud física y compatibilidad de grupo sanguíneo con el progenitor solicitante”, afirmó. Respecto del anonimato de la donación, por la que siempre se obtiene una compensación económica, Romero aseguró que “suelen donar hombres y mujeres jóvenes, que son los que pueden aportar más calidad biológica y una mayor probabilidad de generar un embrión sano. Se les explica a lo que deben renunciar y firman antes numerosos documentos de responsabilidad social. El receptor nunca conocerá la identidad del donante. Y está prohibida la donación directa”, añadió Romero.

Otro de los temas tratados en este encuentro del doctor Romero con los periodistas de El Puerto en el Restaurante Zaccaría fue la natalidad múltiple, asociada a la reproducción asistida. “Era más habitual hace unos años, también porque apenas estaba reglada la actividad, que se implantaran más embriones para aumentar la probabilidad de embarazo. De ahí los numerosos casos de trillizos, quintillizos y en ocasiones puntuales, hasta siete u ocho bebés en el mismo parto. Hoy día los adelantos técnicos permiten una mayor precisión y se implantan como mucho dos embriones, siempre uno de ellos con un menor margen de éxito”.

Aunque se creía que eran embarazos naturales, apunta el doctor que en la mayoría de los casos no lo era. “Porque había, y todavía existe, cierto pudor social de reconocer que se ha acudido a la reproducción asistida. Una presión social vinculada a la fertilidad, generalmente más pronunciada en el caso de los hombres, ya que en el caso masculino también está asociada a la impotencia”.