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El Puerto tiene Orgullo

Domingo, 28 Junio, 2020 - 16:32

Hay una frase que leí poco antes de empezar a componer estas líneas que me ha hecho reflexionar: “Si te quejas por llevar meses encerrado en casa, imagina pasar toda tu vida confinado por el miedo”. Y es que a veces las personas tienen que plantearse que para ser felices hay que tomar decisiones importantes, a veces más fáciles y otras veces un poco más difíciles, pero os aseguro que para ser feliz hay que ser valientes.

Hoy tenemos la suerte de vivir en pleno siglo XXI, donde somos unos afortunados y celebramos el Día del Orgullo con las puertas abiertas y diciendo claro quiénes somos cada uno de nosotros, pero hubo una época en la que esto no se podía hacer. Por eso hoy quiero basar mis palabras en una idea o un sentimiento muy importante que es la VALENTÍA.

Yo siempre digo que para llegar a ser feliz tenemos que ser valientes. Mantener esa actitud en la vida supone en la mayoría de ocasiones que te vayan a señalar por la calle, que nos juzguen sin tan siquiera conocernos y que muchas veces no nos den la oportunidad de hacerles entender quiénes somos, pero tenemos que tener claro que, por encima de todo, tenemos que ser felices y que para llegar a esa felicidad hemos de ser capaces de demostrar nuestra valentía.

Yo soy un afortunado porque hoy tengo el honor de representar a mi ciudad desde el cargo de concejal, gracias a la oportunidad que me brindó el alcalde, Germán Beardo, y a que los portuenses depositaron su confianza en nuestro equipo, aunque eso ha conllevado y seguirá conllevando que me juzguen y tilden por la calle de muchas cosas que no soy, porque tampoco es fácil entregarte a diario a tu ciudad y que por el simple hecho de que haya personas con una ideología distinta a la tuya te critiquen o te juzguen sin tan siquiera conocerte.

Quiero subrayar que, siendo valientes, seremos capaces de lo que nos propongamos. Yo he tratado la homosexualidad siempre con toda la normalidad del mundo y los que me conocen lo saben, nunca quise diferenciar a un colectivo por casarse o amar a una persona u otra, nunca forcé mis relaciones a lo largo de mi vida en encontrar un grupo de amigos gays.
Pero ahora puedo decir que tengo la suerte de convivir a diario con un grupo humano donde cabemos todos, amigos que, siendo gays, tienen que llevar sus relaciones sentimentales de manera un poco más discreta, por decirlo de alguna manera, debido al miedo a ser juzgados, otros que, siendo heteros, han tenido que soportar que durante años se les tilde de gays por tener amigos como yo, y otros muchos que ni tan siquiera han preguntado jamás cuál es la orientación sexual de unos o de otros.

Yo he vivido la experiencia de la comprensión, la igualdad y la normalidad, en la que todos deberíamos vivir, aunque también me consta que muchos otros portuenses han sufrido a diario la discriminación, los insultos y la homofobia, por eso creo que sigue siendo necesario celebrar este día.

La persona gay debe creer en sí misma, sin complejos y sin ataduras, debe saber que somos todos iguales y que podemos llegar a donde nos propongamos. Hoy gobernamos en nuestra ciudad un equipo humano en el que nadie ha juzgado la condición sexual de ninguno de nosotros y estamos demostrando estar a la altura de las circunstancias sin importar a quién queremos o amamos.

Hay que terminar con las etiquetas y los clichés, en nuestra sociedad tenemos que ser capaces de hacer ver que la orientación sexual de cada uno no puede ser utilizada por ideologías políticas ni por ciertos colectivos para obtener beneficios particulares, tenemos que luchar por la igualdad real y eso es lo que desde las áreas que nos han tocado gobernar a mis compañeros y, en concreto, a David Calleja o a mí, estamos haciendo desde el primer día en que llegamos al gobierno de la ciudad.
No podemos permitir que en nuestra ciudad se juzgue a nadie por amar y con esa perspectiva vamos a seguir trabajando los próximos tres años del mandato, porque las políticas en Igualdad siempre han sido una prioridad para nosotros.

Yo estoy muy orgulloso de la ciudad en la que vivimos porque los portuenses somos personas respetuosas, pero también creo que desde la institución a la que hoy represento debo dejar claro que tenemos que seguir luchando por demostrar que las palabras “amor”, “unión” y “respeto” son primordiales y que debemos actuar como maestros de esas personas que no han entendido que el amor es el arma más poderosa de este mundo y que puede cambiarlo todo. Hay que decir también que si en algún momento tuviésemos que ir para atrás que fuese simplemente para coger impulso y ser más fuertes.

Nuestra generación tiene que ser capaz de honrar a quienes nos precedieron y con su lucha consiguieron los derechos que hoy disfrutamos, porque no olviden nunca que hubo gente que, por querer a su manera, lo pasó francamente mal. Y desde luego desde la posición que me toque seguiré trabajando siempre para que nadie intente confinarnos de nuevo en el miedo, porque deben entender que nunca lo van a conseguir.

Los tiempos avanzan y la sociedad también, por eso es tan importante que hoy, desde los lugares que cada uno ocupemos en nuestro día a día, ya sea en el trabajo, en casa, en un negocio, en una institución o en la playa, todos tengamos una mente lo suficientemente contemporánea como para saber entender que las personas somos todas iguales, seamos hombre, mujer y tengamos la condición sexual que tengamos.

Desde esta Tribuna Libre solo puedo animaros a seguir siendo valientes, a seguir dejando claro que no importa lo que piensen los demás, porque aún hay mucho que luchar y mucho que conseguir, básicamente porque la discriminación en los colegios sigue siendo un problema y porque hay una larguísima lista de reivindicaciones en España para poder conseguir que llegue el día en que todo el planeta viva de forma libre y en igualdad de condiciones.
Por eso hoy voy a terminar recordando que el magenta simboliza la sexualidad, el naranja la sensación, el amarillo la luz del sol, el verde la tranquilidad y la naturaleza, el turquesa la magia y el arte, el azul la armonía y el violeta la espiritualidad. ¿Existe por tanto algo más bonito que el simbolismo de los colores de esta bandera?

Finalizo diciéndoos que no os olvidéis nunca decirle al mundo entero que “A quién le importa” lo que haga una u otra persona si lo único que busca es ser feliz.